Ante tanta tardanza e inacción, ante tanto espacio y poso entre entrada y entrada, entre post y post para los anglófilos, ante tanto cuerpo sin alma y sangre de y sin horchata, hago público mi propósito: no voy a cambiarle el nombre al blog.
He estado a punto pero al final ni al punto. Una propuesta me hizo dudar más de la cuenta. Llegaba desde la Argentina del tenés en el término zagal. El título incluía esa palabra apostrofada, tal que así: zag´al. No era una errata, me advirtieron. También deseché esa propuesta.
Y aquí estamos, una semana más, con la firme intención de recomendar un libro para empezar a leer mañana. Es la décimosegunda semana del año y ese es el único motivo de la 12ª propuesta. Solvento así las dudas de varios lectores. ¿Por qué esos ordinales? Explicado. Desde hoy suprimo de por vida el apéndice auto. No me gustaba.
A pesar de que Olga ande ocupada y reviente de risa cuando le digo y le afirmo y le aseguro y le prometo que un libro de 300 páginas puede leerse en una semana, no deja de creérselo y me sigue llamando consu. En una semana podrían. Y en seis días. Y en cinco se hincan los lectores los libros en las venas porque suprimen la X, la Y, la Zeta y la P de paro. Todo depende, claro está, de las horas de sesenta minutos que el lector sepa y pueda invertir, y que en este caso es que Olga sepa y pueda invertir. Hay quien lee un libro cada día y así lo demuestran, como LM, y quien reseña -reparten la tarta, ¡eh!- un libro también por día. Hacer esto conlleva estar en estado crítico permanentemente. Mis desafíos son otros, aunque no están muy descaminados de estos, que dudo ahora de si lleva tilde o no lleva tilde. ¿Lleva estos tilde en esa posición? Gracias.
Consumo el folio y aún no he dicho nada. El libro que propongo hoy está casi acabado. Lo recogí el viernes en Correos y reconozco que 146 páginas traducidas al castellano desde el japonés suponen sólo dos horas y pico de lectura. Esto, ¿qué demuestra? Sólo demuestra que he invertido muy poco tiempo en él porque tengo dos en cola de lectura. Esta será su semana.
Kanikosen. El pesquero, de Kobayashi. Me gusta la editorial que lo edita: Ático de los libros. Qué arrojo están demostrando. En 22 días de existencia pública... ¡qué resonancia! En la cubierta, contracubierta, cantos y filos de las páginas he podido leer: "Más de 1.600.000 ejemplares vendidos en Japón". "La versión japonesa de Las uvas de la ira". "Mientras el viento muerde la cubierta..." "Vamos hacia el infierno". "Un (...) que retrata la creciente ansiedad de la clase trabajadora" y "Le garantizamos que una vez empezado no se puede dejar de leer". Sí, también podría yo garantizarlo. Este libro, por expreso deseo del autor de este blog, será desoxidado aquí. ¿Por qué? Porque me ha gustado la letra manuscrita de una de las dos -ellos son tres- editoras de la editorial. Ah, que lo olvido: de Ático de los libros empezarán a hablar mucho y bien. Pronto.


3 comentarios:
¡Hola!
Con el corazón en vilo y sonrojadas las mejillas, esperamos la desoxidación de "Kanikosen", de nuestro querido Takiji Kobayashi.
Un saludo cordial,
Ático de los Libros
¡Hola!
Vosotras -y él-, ¡a editar!
Otro cordial saludo.
Me proclamo defensor furibundo de Desóxido y de su pujante e iracundo estilo... No me extraña que lleguen ofertas de todos lados, pero hay que resistir la tentación y demostrar que la pasión literaria es más fuerte. El ritmo es lo de menos, lo que interesa es la calidad de lo que publicas. Eso es auténtica literatura
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